23/04/2008

Rwinilin Ihnerenth II

Me pregunto por qué me salen los capítulos más largos que antes... ¿Será que me he acostumbrado a escribir cosas más largas? Jum, supongo que no tiene mucha importancia. Este capítulo desvela algunas de las dudas que planteaba el anterior, y además explica unas cuantas cosillas más.

Gracias por pasar ^^


2. Visiones irreconciliables.

–Kuradrus, ¿conoces la verdadera historia de los elfos? –preguntó Ethî.

Había anochecido, y los humanos estaban en la orilla del mar, sentados bien a la vista junto a una rugiente hoguera. Por cuestiones de seguridad, los elfos pasarían la noche en sus barcos; cabía la posibilidad de que los robots tratasen de acabar con ellos en la oscuridad.

–¿Verdadera historia? –preguntó Kuradrus–. Supongo que los elfos de cada mundo tienen una historia propia, ¿verdad?

–Pero ellos no aparecen espontáneamente en los mundos. Llegan a ellos por sus propios medios. Ellos no lo dirían con estas palabras, pero viajan de mundo en mundo, de dimensión en dimensión; colonizan un planeta, lo cubren de maravillas y se van cuando no hay nada que pueda ofrecerles.

–Pero, ¿cómo? –preguntó Kuradrus–. Ellos no disponen de llaves, ¿verdad? No pueden usar los mismos métodos que nosotros.

–Es debido al agua –explicó Ethî–. Los más sabios entre los elfos conocen un conjuro; trataré de explicarte su funcionamiento teórico, aunque yo tampoco lo entiendo del todo... Para empezar, para llevarlo a cabo, necesitan unos 5000 kilometros de mar a su alrededor, en todas direcciones. Toda la energía mágica de las aguas de ese mar se concentra un un único punto, su centro... Y de algún modo, ese centro se convierte en portal. Entonces, los barcos que están en ese punto se teletransportan a algún punto de alguna otra dimensión, otro punto que tiene una cosa en común: a su alrededor hay unos 5000 kilometros de agua. Ellos no lo ven así, sino más bien como un ritual para encontrar costas nuevas... No es que no entiendan lo que sucede realmente, es que tienen su propia visión del mundo. Los elfos son complicados.

–Ya veo –dijo Kuradrus–. Tiene sentido; si uno lo piensa, en las historias de todos los mundos los elfos parten en algún momento al “Otro Lado del Mar”. No pensé jamás que este hecho tuviese una explicación lógica.

–Pero no es algo que pueda hacerse a la ligera –añadió Ethî–. Se tardan muchos miles de años en reunir la energía necesaria para el Ritual del Otro Lado...

–Entonces, si los elfos llegan a un mundo inapropiado... –Kuradrus lo comprendió. Los elfos quedaban encerrados sin posibilidad de escapar. Realmente era un modo de vida arriesgado...– Los elfos te miraron como si estuvieses loca cuando les dijiste que debían marcharse. Ni se dignaron a responderte, ahora lo entiendo... Aún así, este mundo no es tan malo ¿no? Si logran establecer una alianza con los dueños de los robots, podrían beneficiarse unos a otros.

–Al igual que yo, vienes de un mundo poco avanzado, un mundo relativamente acostumbrado a la magia y a las demás razas inteligentes. Sin embargo, en general los humanos dejan de respetar a las otras razas cuando logran un desarrollo tecnológico relativamente alto. Creen que son superiores y tienen derecho a esclavizar a los demás, estudiarles... Creeme, los elfos no podrían vivir en este mundo. Sin embargo, hay una razón más: probablemente, los elfos habrían acabado en un mundo muy diferente de no ser por la situación actual. Muchos mundos están siendo destruidos, y como consecuencia las venas del Ser-Universo se colapsan de información. Los pensamientos que conforman la realidad se extravían, los caminos se tuercen...

–¡Nudrïah! –exclamó Kuradrus–. ¿Hasta dónde llega la repercusión de sus acciones?

–Calculo que ha destrozado bastantes dimensiones principales. Las secundarias, adheridas a ellas, se estrellan unas contra otras... El Ser-Universo agoniza. Pero tal vez pueda regenerarse poco a poco... Siempre que Nudrïah deje de infligirle heridas.

***

Al alba, varios elfos les despertaron. Decían haber avistado un gran artefacto volador que se dirigía hacía allí a gran velocidad. Ethî volvió a pedirles que se marcharan de aquel mundo, pero ellos solo se miraron entre sí con impotencia.

–Eres una bruja, ¿verdad? –preguntó entonces Elyedân–. Seguramente conoces cómo funciona nuestra magia.

–¿Has estado espiando nuestra conversación? –preguntó Ethî con astucia.

–Los humanos habláis muy alto. Se os oía desde la cubierta del barco –dijo el elfo, con aburrimiento.

–Los humanos podemos canalizar el poder más rápidamente que los elfos –dijo entonces Ethî–. Mi teoría es que se puede utilizar esa energía para mantener el Ritual del Otro Lado. Lo sé porque existen leyendas sobre humanos a los que se les ha concedido pasar de un lado al otro.

–Esas leyendas son muy antiguas –dijo Elyedân–. Ha habido costas en las que nos hemos demorado mucho tiempo. Trabamos tales lazos de amistad con los humanos, que no nos fue posible negarles ese don a algunos de ellos. Pero a vosotros acabamos de conocerlos. No podemos confiar.

–No teneis opción –dijo entonces Kuradrus–. Ya vienen...

Repentinamente un extraño zumbido llenaba el ambiente. Una enorme nave se acercó rápidamente, y descendió sobre una pequeña llanura cercana a la costa. Las puertas se abrieron, y un hombre trajeado salió, flanqueado de varias decenas de robots y algunos soldados.

–Buenos días –dijo el hombre, ajustándose la corbata y mirando con gran curiosidad las extrañas vestimentas de los elfos.

–Salve, ser de este lado del Mundo –replicó Elyadân.

El hombre parecía bastante indeciso.

–Para empezar, caballeros, deben saber que es la primera vez que encontramos vida inteligente durante nuestra exploración de la Galaxia –dijo–. Parecen tener ustedes una cultura de estilo medieval; estoy seguro de que nuestros filósofos lo encontrarán muy interesante. Pues bien... Ya que se han presentado ante nosotros, nos gustaría que nos acompañasen para hacerles unas pruebas. Nuestros robots han asegurado que no son ustedes humanos, sin embargo, queremos determinar exactamente...

–Vuestros robots han matado a muchos de los nuestros –dijo Elyadân con frialdad–. Nos habrían matado a todos de no ser por ellos –señaló a Kuradrus y a Ethî–. No vamos a acompañarles a ningún lado.

–En realidad, no tenéis otra opción. Según la legislación actual vigente en este planeta, el allanamiento de una propiedad privada...

–No nos regimos por las insignificantes leyes humanas –Elyadân levantó su arma. Varias decenas de elfos hicieron lo mismo. Al ver la vida de un humano amenazada, los robots adoptaron automáticamente una posición defensiva.

–Así que... Esas tenemos, ¿eh? –el hombre pareció muy satisfecho de sí mismo–. Es una suerte que las Leyes de la Robótica no se apliquen a ustedes. Verán, en nuestro planeta el porcentaje de criminalidad o guerra es igual a cero. Por ello, estamos desarmados a efectos prácticos. Pero podemos usar los robots con ustedes...

–Id a los barcos –dijo Kuradrus–. Tenéis que aceptar la proposición de Ethî. Ya veis como no hay futuro para vosotros en este mundo...

–Ese artefacto volador es muy rápido –dijo Elyedân–. Aunque queramos, no conseguiremos...

–Los contendré –aseguró el leñador–. Marchaos.

–Eres un digno Amigo de los Elfos –dijo Elyedân, y Kuradrus supo de algún modo que aquel momento era muy importante–. Está bien, confiaremos en ti.

Los elfos regresaron a los barcos y pusieron rumbo a alta mar. Kuradrus se quedó en la costa, mirando a los robots que se abalanzaban sobre él. Pensó que se detendrían, pero para su sorpresa uno le dio un tremendo golpe en la cabeza. De no ser por el resistente yelmo que acompañaba a la armadura, aquello le habría matado.

–¿Y qué pasa con las Leyes de la Robótica? –preguntó Kuradrus indignado–. ¡Soy humano!

–Eres una amenaza para vuestro amo –dijo el robot–. Se nos permite inmovilizarle, aunque después tendremos que desactivarnos por haberle dañado.

–Así que vais a desactivaros de todos modos –comentó Kuradrus–. Genial, no me sentiré culpable por esto.

Se movió a una velocidad asombrosa y arrancó de cuajo los brazos de uno de los robots. Luego los utilizó como látigos contra los otros. La gran velocidad que imprimía a los golpes, sumada al roce entre metales, hizo que los brazos que Kuradrus sostenía se pusiesen al rojo vivo. Pronto dio la sensación de que manejaba un par de espadas de fuego con las que descuartizaba robots.

El hombre del traje estaba repentinamente fuera de sí.

–¿¡Qué clase de tecnología es eso!? –exclamó–. ¡Esa... Armadura!

–Parece una normal y corriente, ¿eh? –Kuradrus respondió con voz tranquila, como si no estuviese en medio de una batalla–. Resulta que hay mundos donde el porcentaje de criminalidad y guerra es muy alto. Esta armadura tiene una conexión directa con mi sistema nervioso, a través de la medula espinal. Es como si fuese una parte de mi cuerpo y, a la vez, aumenta mi fuerza y reflejos hasta límites insospechados.

–¡Solicito refuerzos! –gritó el hombre a través de un teléfono móvil–. ¡Que vengan todas las fuerzas disponibles del planeta! ¡No! ¡De todos los planetas cercanos! ¡Nos enfrentamos a armamento descono...! ¿Oiga? ¿No hay emisión? ¡Joder!

El teléfono móvil golpeó con fuerza el suelo y la pantalla se rompió. El hombre lo pisoteó y corrió al interior de la nave.

–No me digas que... –Ethî, quien había permanecido cerca de la costa, miraba con asombro el hacha de Kuradrus. Estaba colgada de su espalda, pero emitía unas extrañas ondas de color verdoso.

–Eso es, puede anular las transferencias de información –dijo Kuradrus–. Es algo que también descubrí en otro mundo. Ahora no podrá contar a nadie lo que ha pasado aquí.

Quedaban pocos robots. La nave se elevaba rápidamente y orientaba su morro hacia los barcos. Hubo un resplandor y una especie de cañones dispararon chorros de energía a la playa. Tres de los barcos de los elfos fueron alcanzados y se hundieron.

–Ah, eso no...

Kuradrus llevó la mano a la espalda y recogió el hacha, que se iluminó con un resplandor destello. La energía de cientos de mundos confluía en aquel arma. Kuradrus saltó tras la nave, a una altura prodigiosa. Su arma iba dejando una estela de luz. Finalmente, descargó un golpe al aire, dibujando un arco luminoso que ascendió hasta la nave y la atravesó, aparentemente sin dañarla.

Pero cunado Kuradrus cayó al suelo, se oyó un gran estruendo. La nave voló por los aires, y los ojos de Ethî se abrieron desmesuradamente. La niña cogió un pequeño saquito, y levantandolo hacia el cielo, gritó:
–Schwerkraft!! –y la explosión, que decoraba el cielo con humo y llamas, fue rápidamente absovida, aspirada en el interior de aquel diminuto recipiente. Una línea de fuego fluía entre el fuego y las manos de la niña. Finalmente, la explosión se desvaneció sin dejar rastro.

Kuradrus se acercó. Ethî cerró el saquito.

–¿Por qué has...? –parpadeó–. Bueno, ¿qué has hecho?

–Esa nave funcionaba con energía atómica –murmuró ella–. Habría sido terrible... No quiero saber en qué se convierten los elfos radiactivos.

Con estas palabras, se desmayó.

5 Críticas literarias:

Nemârie dijo...

Weis!

(anda, soy la primera :3)

Me ha gustado mucho el capítulo! Aunque creo que voy a tener que releer rwinilin2 para acortarme de lo que pasaba... >.<

Me han gustado especialmente las dos frases: "los elfos son criaturas complicadas" y "–¿Y qué pasa con las Leyes de la Robótica? –preguntó Kuradrus indignado–. ¡Soy humano!"

xDDDDD

Y... elfos radiactivos? Pobrecillos... :P Menos mal que los salva mi amiga la bruja que ahora es una niña :3 (sigue siendo mi favorita ^^).

Respecto a lo de que ahora los capítulos te salen más largos... quizá es la práctica... quizá es que echabas de menos escribir... o quizá simplemente es que ahora tienes material para que sean más largos... o puede que simplemente sea porque sí! En cualquier caso... no vale la pena comerse la cabeza por eso ;). Cuanto más largo... más disfrutamos los lectores (siempre y cuando siga siendo bueno, claro :P) .

Besukis!^^

Blank dijo...

Weenas :D
wow, que rápido la continuación, pero eso es bueno ^^
Siempre he tenido una idea respecto a eso; cuando necesitas decir algo, es cuando se tiene la necesidad de decir más cosas...
Lo que no es problema, me gustó que fuera asi de extenso este capítulo xD

Que se puede decir... debo reconocer ante todo, que no había leído el final secreto de La Caida de Zhaziria, así que fue la media sorpresa cuando comenzé a atar los cabos sueltos xD

Me gusta el rumbo que esta tomando, ánimo :)

Cleôthen/ Samigonza3 dijo...

Muy bueno. y si; entre más largo mejor! :p...
Me encanta que hayas vuelto a escribir extrañaba leer todas las noches antes de dormir, jajaja...

Y, una preguntica :$... por qué fue que Ethi se volvió niña??? El tiempo me borró la memoria... jejeje...

Bueno, un saludo...y exelente ese cruce de razas...jeje...

Un saludo.

Eglomer dijo...

Holas!!

Esta vez no soy el primero, pero da igual :P

El capitulo está muy muy bien, aunque el humanito de aquel mundo sea un desgraciado (de eso se trata, no?). Y yo si quiero saber cómo será un elfo radioactivo... a lo mejor utiliza su nuevo poder atómico para aumentar el poder de su magia o algo similar...

Y que te salgan más largos los capis síntoma de que vas progresando como escritor ;-)

En fin, espero con ansias el siguiente capi ^^

Saludos!

Dagronk dijo...

Interesantes relatos un saludo...