04/12/2007

Dagni-naur-quenta (IV)

Con motivo del Concurso de Mejor Historia de EAU, voy a acelerar con la historia del espectro ^^ Así que aquí os dejo otro fragmento, que traerá a nuestras memorias las interminables salas de Moria, que conocemos todos.

¡Gracias por pasaaahr! :3

Capítulo 4: Tinieblas, acogedoras tinieblas

Malfuin, con su cuerpo de sombra y agua, sentía que la luz del sol le hería. Ahora su cuerpo era más parecido al de un vivo, pero la luz parecía poder deshacerlo con facilidad. De este modo, se había visto obligado a viajar bajo los arboles, o aprovechando la sombra de las piedras. Era una forma de viajar más lenta, pero aún tenía tiempo, antes de necesitar completar el conjuro. Además cuando se concentraba, podía sentir la presencia del viento y del fuego a lo lejos. La presencia de Mordor, al suroeste, lo enturbiaba todo excepto aquellos dos puntos.

Cuando la luz solar le atormentó más de lo que podía soportar, se escondió bajo una roca y esperó a la caída de la noche. No le importó que hubiese un arroyo brotando de la roca, el contacto con el agua renovaba y fortalecía el regalo de Galadriel. Un ser de sombra y agua no tenía muchos escrúpulos respecto a mojarse en la oscuridad. Mientras esperaba, sintió que podía recorrer mentalmente el agua, como si fuese una extensión de su propio y tenebroso cuerpo. El arroyo corría entre unos arboles y finalmente se internaba en Lothlorien, que él había dejado atrás. En cambio, al investigar en otra dirección, penetró en unos grandes salones surcados por aquél riachuelo, donde vastos espacios de sombras le atraían. Y aquello le resultaba incluso levemente familiar. Le recordaba a Erebor... Enanos...
–¡Moria! –recordó, entusiasmado. Según los mapas, no debía estar muy lejos. Visitar Moria, de la que todos los enanos hablaban con añoranza... No podía haber muchas cosas que le entusiasmasen tanto. Si realmente era más impresionante que Erebor... Por primera vez, Malfuin se alegró de ser un espectro.

Unos días después, Malfuin logró encontrar un hueco por el cual acceder a las legendarias minas. No le importó demasiado que estuviese inundado, aunque el agua le arrastraba y tenía que usar un enorme poder de concentración para que su ser no se deshilachase. Sin embargo, lo consiguió, y emergió en un lugar apartado. De repente notó otras presencias a su alrededor. Estas no le habían visto, pero debía andarse con cuidado. Por primera vez, Malfuin vio trasgos, y no le gustaron.

Sin embargo, no estaba demasiado preocupado. Tenía la convicción de que una espada no podría tocarle en su actual estado ni espadas ni miradas podían penetrarle. De modo que no tomó tantas precauciones como hubiese debido.

Uno de los trasgos vio su túnica empapada y su transparente rostro cuando Malfuin cruzaba la puerta. El trasgo chilló y corrió hacia él. Malfuin aceleró el paso, molesto. No había muchas diferencias entre trasgos y orcos, y odiaba a los orcos por lo que habían hecho en Dorwinion. Se llevó la mano a la espada. Daerûth, quién sintió la presencia de los enemigos. El espectro se asustó; la espada parecía muy viva en aquellos momentos, y cuando el deseo de Malfuin era pasar desapercibido... El de la espada era matar y vengarse.

–¿Cómo demonios va a querer vengarse una espada? –se dijo en voz alta. Por desgracia, el orco le oyó y aceleró el paso. Malfuin se dio la vuelta, resignado a luchar. La cimitarra del orco le rasgó la túnica y le atravesó el costado completamente. El espectro calló de rodillas. Todos los esfuerzos que había imprimido en conservar una forma parecían desbaratarse ante un mero golpe–. ¡Demonios, soy más frágil de lo que pensé!
Con todo, Daerûth le transmitió una descarga de energía mágica que recorrió su cuerpo como una corriente de agua que saciase su sed. Juntos, espada y espectro, decapitaron al orco y a aquellos que le seguían. Teniendo en cuenta que Daerûth ya había agotado su energía una vez, Malfuin consideró conveniente una rápida retirada.

Malfuin había estudiado la espada durante las largas horas de aburrimiento en su habitación de Dorwinion. Pero el nivel de aquellas runas era muy superior al que él jamás alcanzaría; pocos trabajos de artesanía enana podían compararsele. La espada era un misterio, cuyas respuestas...
“–Esa espada tiene una larga historia, pero ya no me queda aliento para contarla. Tu sabrás apreciar su valor. El nombre de las espada es Daerûth… Sí, Daerûth…”. Eso había dicho Nailin, su maestro enano, poco antes de morir. La espada no había salido de la forja de Erebor, era mucho más antigua. Tal vez había venido de Moria, la Khazad-dûm por la que los enanos suspiraban y gruñían al mismo tiempo.

Malfuin había despistado a los trasgos. Consciente de la voluntad de Daerûth, que parecía clamar venganza una y otra vez desde el extremo de su brazo, al espectro se le ocurrió intentar algo un poco estúpido.
–¿Daerûth? –dijo en voz alta.
La espada pareció prestarle atención, o esa fue la sensación que tuvo.
–¿Has nacido aquí? –preguntó Malfuin. No estaba seguro de poder llamar na
Una especie de negativa, pero no lo era del todo.
–Bueno, entonces... ¿Has estado aquí? ¿Aquí ha pasado algo importante para ti?
Una afirmación.
–¿Dónde exactamente?
Arriba.

Guiado por la espada de una forma un tanto peculiar, Malfuin recorrió Moria por los largos pasillos y salones. Desde luego estaba encantado con el lugar, allí podría haber vivido feliz. O tal vez descansar en paz feliz... No, no podía quedarse, la bendición de Galadriel no duraría para siempre si no la reforzaba. Pero tal vez al final, se encerrase en Moria... Era un lugar donde el sol no podía llegar.

Finalmente encontró el lugar que la espada indicaba. Incluso Daerûth parecía algo diferente cuando entraron. Era una sencilla habitación de forja, con una enorme hoguera apagada y una mesa de trabajo, llena de martillos rotos y otras herramientas.
–Así que has salido de aquí, ¿eh? –comentó Malfuin alegremente–. Bueno, o al menos aquí has sido reforjada... Tenemos mucho en común, a mi también me reforjaron las llamas.
La espada envió a Malfuin un mensaje que esencialmente decía: “¿Qué clase de idiota se pone a hablar con un arma?”. El espectro echó a reír. En aquel momento, se sentía muy humano.
Sin embargo algo llamó su atención. Sobre la mesa había un largo manuscrito enrollado. Su curiosidad le empujó a leerlo al instante, y se sintió complacido al ver su contenido.

Al parecer, estaba a punto de averiguar el verdadero origen de la misteriosa espada...

3 Críticas literarias:

Nemârie dijo...

xDDDDDDDDDDD

Lo siento, no puedo evitar reírme... me encanta lo último q le dice la espada!!!!!! Chico, es que es cierto, cómo se te ocurre ponerte a charlar con la espadita? xDDDDDD

Nada, buena historia del espectro. La espada me tiene intrigada! A ver si la continuación no se hace mucho de rogar!!!! ;)

Besukis!^^

P.D.- Weis! :P

Eglomer dijo...

Jajajaja. Cómo mola la espada xDDD

Como siempre, me dejas a la altura del betún, espectro :P Me está gustando mucho esta historia, así que, una vez más, me siento a esperar impaciente la próxima entrega. ¿Qué pasará con la espada? ¿De dónde vendrá? ¿Qué otros consejos útiles le dirá a Mafÿ? ¿"Qué clase de idiota habla con su zapato"? Lo veremos en el próximo episodio (esto es consecuencia del sueño, lo juro... -.-)

Saludos!

samigonza dijo...

wow! muchas preguntas eglomer!juash!!! Me gusto mucho este cap! Esperare la continuacion! (ya la voy a leer...jejeje)